HISTORIA

El municipio de Chimaltenango, del departamento de Chimaltenango se ha caracterizado por el fervor y fe de su gente, y para entrar en el contexto histórico de la fundación de la parroquia Beato Stanley Rother, es necesario retroceder unos años atrás para conocer el por qué de su fundación.

Según la historia de Chimaltenango, en la década de 1550 a 1560 surge la iglesia parroquial de Santa Ana, a la que los fieles se acercaron para alabar el nombre de Nuestro Señor, que con el paso del tiempo paso a denominarse Concatedral Santa Ana. El crecimiento de la población fue aumentando año tras año y las comunidades también se fueron multiplicando, es entonces cuando  surge la necesidad de una primera descentralización y se lleva a cabo la fundación de una nueva parroquia llamada Santo Hermano Pedro, fundada el veinticinco de diciembre del año 2003. Gracias a esta descentralización, los fieles pudieron tener más acceso a la Santa Misa, Jueves Eucarístico y Sacramentos; sin embargo, la población siguió en aumento y a varias comunidades les quedaba lejos las dos iglesias, tanto la central Santa Ana,como la de Santo Hermano Pedro.

El establecimiento de las nuevas parroquias surgidas en el año 2020, inicia en el año 2011, cuando se planeó con la intervención y estudio del Pbro. Felipe Chalí, la idea de crear nuevas parroquias en Chimaltenango; en el año 2017, con el envío expreso que hace el Obispo de la Diócesis de Sololá-Chimaltenango, Monseñor Gonzalo de Villa y Vásquez, el Pbro. Efraín Guantá fue enviado a la Concatedral de Santa Ana para conocer todos los sectores geográficos, sociales y culturales que se abarcaba y el resultado de ese envío fue, que en efecto era una extensión bastante amplia y muchas áreas que cubrir.

Esta iniciativa se concreta con un equipo en el año 2018, liderada por Monseñor Gonzalo de Villa y Vásquez, en la que se sugiere que se abran dos nuevas parroquias; primeramente se consulta a antiguos párrocos y luego se define la apertura para el año 2020.

La parroquia Beato Stanley Rother y San Ignacio de Loyola, fueron erigidas el veintidós de febrero del año 2020, en una fiesta con la presencia de las otras dos parroquias que pertenecen al departamento: Santa Ana y Santo Hermano Pedro.

Esta parroquia fue erigida el veintidós de febrero del año 2020, debido a la necesidad de atención más cercana a la feligresía y comunidades aledañas. A la parroquia se le asignó como patrono al Beato Stanley Rother porque en ese entonces se había realizado la exhumación como requerimiento previo a su beatificación y se buscaba promover la piedad hacia un nuevo santo, se establece que su feria titular sería en honor al mismo a celebrarse litúrgicamente cada veintiocho de julio.

Luego del estudio y observación de la propuesta de nuevas parroquias se buscan lugares céntricos que permitan la afluencia de ciertos sectores a todos los servicios que como parroquia brindan, la parroquia Beato Stanley Rother al carecer de un templo adecuado, es ubicada en el gimnasio del antiguo Colegio Monseñor Angelico Melotto, instalaciones que ahora son parte del Seminario Propedéutico también llamano Beato Stanley Rother, por la accesibilidad a las diecisiete comunidades y por el espacio que tiene para iniciar con las celebraciones eucarísticas.

Debido a ser una parroquia nueva y la llegada de la pandemia en el mismo año de ser erigida, la construcción física del templo aún no se lleva a cabo; sin embargo, en noviembre de 2024 se inician las reuniones entre Párroco y equipo de construcción para concretar el proceso de cimiento del templo. El Párroco Rvdo. Efraín Guantá se ha enfocado en motivar la unidad e identidad de la feligresía, para que se sientan parte de la parroquia y se vean como una misma, para luchar y defender la fe desde la espiritualidad. Al ser el primer párroco, el Rvdo. Efraín Guantá tiene como visión a futuro un templo que inspire la contemplación, adoración y silencio; que al entrar se sienta lo sobrenatural, la real presencia de Dios en el Altar.

 

DATOS GEOGRÁFICOS DEL MUNICIPIO

La parroquia Beato Stanley Rother, se encuentra ubicada en la cabecera departamental de Chimaltenango y abarca las zonas siete y parte de la zona tres de la cabecera municipal, que geográficamente comprende el territorio de:
• Buena Vista Norte.
• Desde la Colonia San Pablo de la zona tres de Chimaltenango, hacia la
Aldea San Marcos Pacoc, colindando con Zaragoza.
• Buena Vista Sur, de la colonia el Prado hasta la Colonia Puerto Rico,
salida a Occidente.

PATRONO DE LA PARROQUIA

Stanley Rother (Okarche, Oklahoma, 27 de marzo de 1935 – Santiago Atitlan, Sololá, 28 de julio de 1981) fue un sacerdote y misionero católico estadounidense en Guatemala.

El 1 de diciembre de 2016 el Santo Padre Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación del decreto reconociendo el martirio del P. Stanley Rother. Queda aún por establecer la fecha en que se realizará la ceremonia de beatificación.
 
Stanley Francis Rother nació en un pequeño pueblo llamado Okarche, ubicado en el estado de Oklahoma (Estados Unidos), donde la religión, la educación y la granja eran los pilares de la sociedad. El joven llevaba una vida sencilla y trabajaba en la granja familiar. Al estar rodeado de sacerdotes sintió el llamado de Dios y partió al seminario. Ahí comenzaría la verdadera aventura de su vida.
En el seminario reprobó varios cursos. La hermana Clarissa Tenbrick, que fue su profesora en quinto grado, le escribía para alentarlo y le recordaba que el Santo patrono de los sacerdotes, San Juan Vianney, también tuvo los mismos problemas en el seminario.
 
Mientras Stanley estaba en el seminario, San Juan XXIII pidió a Iglesia en Estados Unidos que envíe ayuda y que establezca misiones en Centroamérica. En respuesta a ese llamado, la diócesis de Oklahoma y la diócesis de Tulsa fundaron una misión en Santiago Atitlan, una comunidad indígena muy pobre en Guatemala. Unos años después de haberse ordenado, el P. Stanley aceptó la invitación de unirse a la misión. Ahí pasó los siguientes 13 años de su vida.
Cuando llegó, el sacerdote resultó ser un curioso personaje en medio de los indígenas con su metro ochenta y su barba roja. Su nombre también era extraño para los mayas Tz´utujil que al no encontrar un equivalente en español para Stanley, lo empezaron a llamar “Padre Francisco”, por su segundo nombre Francis.
 
Por su parte, el P. Stanley se dio cuenta de que todo lo que aprendió en la granja de su familia le podría servir ya que como sacerdote misionero no sólo estaba llamado a celebrar la Misa, sino también a ayudar en el trabajo cotidiano de los campesinos. Arreglaba camiones, trabajaba en el campo, construyó un granero, una escuela, un hospital y la primera estación de radio católica, cuya señal llegaba hasta los pueblos más remotos. La guerra civil y el martirio
La violencia de la guerra civil llegó hasta la aldea. Sin embargo, las desapariciones, los asesinatos y el peligro no amedrentaron al “Padre Francisco”. Más bien se mantuvo firme y se convirtió en el apoyo de su pueblo.
Entre los años 1980 y 1981 la violencia alcanzó un punto insoportable. El P. Stanley veía como sus amigos y parroquianos eran secuestrados o asesinados. Incluso su nombre estaba en la lista negra. En una carta que envió a su familia en su última Navidad escribió lo siguiente: “La realidad es que estamos en peligro. Pero no sé cuándo o qué forma usará el gobierno para reprimir más a la Iglesia. Dada la situación no estoy listo para irme. Pero si es mi destino y debo dar mi vida aquí, será así. No quiero abandonar a este pueblo… aún se puede hacer mucho bien en estas circunstancias”.
 
A principios de 1981, su nombre fue incluido en una lista de amenazados de muerte -lo consideraban un enemigo por proteger a sus parroquianos y proclamar el evangelio-, por lo que regresó a Oklahoma y fue advertido de no volver. Pero él no podía abandonar a su pueblo, así que regresó para pasar la Pascua con su pueblo en Guatemala.
 
A la 1:30 a.m. del 28 de julio el “Padre Francisco” fue despertado por el grito de “Padre, han venido por usted” pronunciado por una persona que fue conducida a punta de pistola hasta su habitación.
 
Lo esperaban tres hombres enmascarados conocidos como “ladinos”, los hombres que masacraban a los indígenas y campesinos pobres. Eran conocidos por sus secuestros y ahora querían “desaparecer” al P. Stanley. Él se resistió, no quería poner en peligro a la misión de la parroquia. Luchó durante 15 minutos hasta que le dispararon dos veces. Así murió.