Teresa de Cepeda y Ahumada nació el 28 de marzo de 1515 en Ávila, en Castilla, hija de una familia conversa, su abuelo paterno había sido un judío converso al cristianismo, un hecho que en la España de la Inquisición tenía implicaciones sociales y legales que ella sorteó a lo largo de toda su vida. Entró en el convento carmelita de la Encarnación de Ávila en 1535 y pasó unos veinte años en una vida religiosa de auténtica devoción que era también, según su propio relato, insuficientemente comprometida, estaba dividida entre el mundo y Dios, mantenía amistades con quienes visitaban el convento que más tarde consideró espiritualmente diluyentes, y no resolvió esa división hasta una profunda experiencia de conversión hacia 1554 ante una imagen de Cristo llagado, cuando se sintió traspasada por el arrepentimiento y la división quedó sanada.
La vida mística que siguió a esta conversión fue de extraordinaria intensidad y hondura sistemática. Sus visiones, locuciones, arrobamientos, levitaciones y la transverberación (el traspaso místico de su corazón por la flecha de un ángel, que Bernini inmortalizó en mármol en la Capilla Cornaro) fueron sometidos a un examen exhaustivo por las autoridades eclesiásticas de su tiempo y fueron aceptados como genuinos tras la investigación. Los documentó en el Libro de la vida, las Moradas, el Camino de perfección y el Libro de las fundaciones, que juntos constituyen uno de los cuerpos principales de teología mística de la tradición occidental.
Al mismo tiempo, reformó la Orden del Carmen. A partir de la fundación del primer convento de carmelitas descalzas en San José de Ávila en 1562, fundó diecisiete conventos y colaboró con Juan de la Cruz para extender la reforma a los frailes, dando lugar a la reforma del Carmelo descalzo, que es una de las renovaciones espirituales más significativas de la Contrarreforma. Lo hizo mientras escribía obras teológicas importantes, gestionaba las complejidades institucionales de la reforma frente a la resistencia de los carmelitas calzados, mantenía una amplia correspondencia y afrontaba una enfermedad crónica que sobrellevó sin queja aparente.

